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29 feb. 2016

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La estrella se baña en el río

Deportes Valdivia aseguró la corona de la Liga Nacional, la segunda de su historia, con su triunfo por 83-79 en el sexto partido de la final contra Universidad de Concepción. Fiesta total en una ciudad que vive para el básquetbol.

No hay colocolinos, azules o cruzados. Sólo amantes del básquetbol. Una ciudad entera volcada en un parquet, festejando un título a lo grande. Así se celebró en Valvidia el campeonato de la Liga Nacional, con un triunfo por 83-79, glorioso y único. Como tenía que ser, en el sexto partido de la serie contra Universidad de Concepción.
A Valdivia le costó entender en la primera mitad que lo mejor de su juego ofensivo aparece cuando el equipo corre la cancha. Es decir, cuando no le da tiempo al rival a armar su cuadro defensivo. Posesiones cortas, cambios constantes de posesión, eso es lo que le había permitido al conjunto del Calle Calle mantenerse por encima de una plantilla que, en el papel, es poderosa. O más profunda, al menos.
Pasó un cuarto entero, en el que se jugó al ritmo de la U penquista. Ofensiva de media cancha, con la pelota entrando y saliendo de la zona pintada. Salvo Claus Prutzmann, los dueños de casa tienen a un poste tradicional. A explotar esa falencia apostó Pablo Ares, entrenador de los estudiantiles. Y no es que todos sus puntos vinieran debajo del tablero, ya que la cobertura les abrió espacio a los externos. Pablo Coro (10), Diego Silva (10) y Claudio Naranjo (10) se dieron un festín con tiros de media y larga distancia.
Pese a esa ventaja evidente del Campanil, el cuadro dirigido por Manu Córdoba se acomodó al juego para no perder pisada en el marcador. Arnold Louis (17 unidades en el primer tiempo) y las buenas manos de Durrel Summers y Erik Carrasco (13 cada uno) mantuvieron firme la ilusión de un gimnasio repleto, enfiestado y furioso con cualquier cobro dudoso.
A tres minutos del descanso, sin embargo, vino la primera escapada real del compromiso. Y fue de los anfitriones, sobre la base, ya está dicho, de una defensa agresiva y la velocidad para salir en contragolpe. Rebote, balón al conductor Carrasco y a correr hacia la canasta contraria. La brecha llegó a nueve puntos en cosa de segundos. La U de Concepción insinuó un acercamiento, pero no lo suficiente. Un triple de Carrasco sobre la chicharra, sangre fría pura, cerró la primera mitad 51-42 en favor de Valdivia.
Tema particular la producción del último refuerzo penquista, el estadounidense John De Groat, quien llegó sólo para este partido, en reemplazo del lesionado Tracy Robinson. Apenas sumó dos puntos y tres faltas personales registró antes del descanso. Universidad de Concepción sintió la ausencia del principal encestador de la temporada, que llegó a Valdivia como simple espectador.
El comienzo del tercer cuarto mostró todavía mejor el camino del CDV. Quiebres con la pelota, incómodos para el adversario, indescifrables para la banca. La diferencia se estiró a 17 puntos, el entrenador local, siempre tan histriónico, empezó a avivar a la hinchada y el “¡dale campeón!”, con timidez, bajó desde las tribunas para contagiar a todo el coliseo Antonio Azurmendy.
Para colmo de males en la UdeC, Yamine Coleman, su mejor defensa, se llenó de personales. Cuatro, en la mitad del tercer parcial lo obligaron a sentarse. La llave se abrió para Louis, quien siguió con la mano caliente. Dobles en transición llenaron sus estadísticas y también la de su escuadra, que llegó a tomar 21 unidades en su favor.
Rostros taciturnos, casi de derrota, la frustración se trasladó del parquet al cuerpo técnico. En una decisión muy llamativa, Ares sacó a todas sus estrellas y terminó el tercer período con sus reservas, sin extranjeros. Un quinteto de Libsur o Libcentro, para una final de Liga Nacional. El 68-48 para iniciar el último cuarto ya hacía pensar en que el CDV tenía prácticamente en su bolsillo la segunda estrella en la historia del club.
Volvieron Patricio Briones, Coro y Coleman en la U de Concepción, que se jugaba su última chance por no dejar escapar, una vez más, una final. La diferencia se acortó a 15, lo que llevó a Córdoba a pedir minuto. Obvio, su escuadra empezó a jugar nuevamente con la idea de posesiones largas y las canastas bajaron. Un yerro tras otro, que le permitieron a la visita meterse de nuevo en el compromiso. El adiestrador valdiviano solicitó su segundo tiempo muerto, de forma casi consecutiva después de tres intentos fallidos al aro. A esa altura el marcador indicaba 68-59.
Tenía que aparecer la experiencia, tenía que aparecer Carrasco. Un triple de Sebastián Suárez rompió un parcial de 16-0 de los penquistas. El nerviosismo crecía, pero en ese minuto se afirmó el CDV en defensa.
Ahora sí, “¡Dale Campeón, Dale Campeón! se gritó sin timidez, con 16 segundos de juego y cuatro puntos a favor. Naranjo estrechó todo a dos, pero sólo para meter presión. Dos libres de Suárez para cerrar el triunfo y el título. Sólo un milagro le podía quitar su fiesta a una ciudad que vive para el básquetbol. La corona se quedó donde más querían.

LA TERCERA
 
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