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10 feb. 2016

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Las confesiones del último gigante del básquetbol chileno

A los 43 años, el pivot de 2,12 metros reconoce estar disfrutando su vuelta al club que lo vio nacer. Descarta el retiro, y apunta: "Tengo más ganas que a los 20".
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Patricio Briones está feliz. Con 43 años, y jugando una nueva final de la Liga Nacional frente a Valdivia, el pivot de 2,12 metros confiesa que ésta tiene una sensación diferente: defenderá a Universidad de Concepción, el equipo al que volvió después de 15 años el verano pasado, cuando pensaba que era ya una puerta cerrada.
Patricio Briones está feliz. Con 43 años, y jugando una nueva final de la Liga Nacional frente a Valdivia, el pivot de 2,12 metros confiesa que ésta tiene una sensación diferente: defenderá a Universidad de Concepción, el equipo al que volvió después de 15 años el verano pasado, cuando pensaba que era ya una puerta cerrada.
"Fue una vuelta tragicómica. Cuando me dijeron, no me creía que ellos se fijaran en mí ahora. No lo esperaba. Me sentí honrado de volver al club donde me hice conocido, y ahora estoy disfrutando todo esto. Reencontrarme con la gente, con esta ciudad que me acomoda tanto y de paso pelear por un nuevo título", dice a AS Chile, el ganador de nueve coronas nacionales.
¿Cambia la sensación previa cuando ya se tiene tantas finales en el cuerpo?
La verdad es que la madurez hace que uno lo tome de otra forma, mucho más tranquila, que tiene que ver con lo realizado hasta aquí. Se sienten nervios, pero no tanto. Hay confianza en lo nuestro como equipo. Hemos ido cumpliendo los objetivos y nos falta el último.
¿Le cansa que le pregunten cuando se va a retirar?
La verdad es que ya me da lo mismo. No es tema. Los sacrificios que hice han hecho que me puedan mantener aquí. Habrá un techo, pero el cuerpo solo me dirá hasta cuando seguiré jugando. Además, en mi posición hay pocos jugadores, y no ha aparecido un relevo generacional que a uno le diga: es momento de dar un paso al costado. Siento que todavía puedo seguir aportando. Tengo la mismas ganas que a los 20.
A sus 43 años, se mantiene en forma. ¿Le preguntan la receta los más jóvenes?
Ellos se dan cuenta solos de que se trata. Yo tengo una vida normal, muy sana, sin excesos. Me he entregado por completo a este deporte, hubo sacrificios cuando joven que ahora me doy cuenta que valieron la pena. El mensaje es ese: el compromiso.
Ya van muchos títulos ¿Siente que hay algo que le falta? ¿Cuál es su rol actual en el equipo?
No me falta nada, me sobra cariño y apoyo. De la gente, de mis compañeros. Soy un tipo agradecido de lo que me dio este deporte, conocer otros países, ser capitán de la Selección, jugar en el extranjero. Ahora me queda retribuir eso a través de mi experiencia.
¿Por qué ya no salen jugadores como usted en el básquetbol chileno? 
Creo que tengo la suerte de compartir con grandes jugadores, muy buenos técnicamente, pero hay problemas todavía en la formación. Debemos explotar una política única, quizás una liga unificada. Hay jóvenes buenos, pero ahora se van a probar a Estados Unidos, y eso al final afloja la competencia. A eso hay que sumarle un déficit de altura, que tampoco hemos podido acortar.
¿Se siente el último gigante del básquetbol chileno?
Me siento un gigante de porte del básquetbol chileno, pero van a ver otros mejores. Soy más bien un gigante en el día a día. La mitad de la gente me llega hasta el codo. Prefiero en todo caso que me recuerden más por buen tipo, por buen compañero. Como alguien al que le costó mucho, y que gracias a este deporte pudo cumplir lo que no esperaba.

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