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23 feb. 2016

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¡TRES PARA VALDIVIA!

Una victoria épica, de infarto, de colección, de esas que quedarán por siempre en la memoria de sus hinchas, consiguió el Club Deportivo Valdivia en el Casa del Deporte. Lograrla fue durísimo y lleno de dramatismo, pues se necesitaron dos tiempos de alargue para resolver un partido que estuvo para cualquiera, pero que el CDV inclinó de su lado por 78-76, ante Universidad de Concepción. Con esto, los del Calle Calle se pusieron adelante 3-2 en la finalísima de la Liga Nacional de Básquetbol, a sólo una victoria del ansiado título y de hacer historia.

No era fácil, pues los del Campanil sólo habían perdido una vez en su reducto durante toda la temporada (ante Los Leones) y desde 2014 que no cedían un juego de postemporada en ese parquet. Y Valdivia lo consiguió, revirtiendo la ventaja de localía en esta final y encadenando el tercer triunfo en línea sobre los universitarios. Ahora la serie vuelve al Coliseo, donde el CDV buscará rematar la faena ante la fiel y multitudinaria marea roja. 

Las claves abirrojas, de la pizarra de Córdoba al parquet
Para lograr la victoria, los dirigidos por Manuel Córdoba debieron trabajar cada pelota y extremar recursos, especialmente en materia defensiva, un factor clave para controlar las variadas armas del quinteto de Pablo Ares. El objetivo se cumplió, pues tras caer en el primer cuarto por 19-14, el CDV redujo a 12, 13 y 11 los puntos recibidos en los cuartos siguientes.
 
También fue necesario trabajar cada pelota en materia ofensiva. No había margen de error. Y aunque bien se pudo sufrir menos si no se desperdiciaran tantos lanzamientos libres (los valdivianos fallaron 15 en total, contra 7 de la UdeC), fueron justamente dos tiros desde la línea de los suspiros, a cargo de Durrell Summers, los que sentenciaron la victoria albirroja y desataron la fiesta. Una celebración inolvidable para el medio millar que llegó a la Casa del Deporte, tiñendo de rojo sus tribunas, y los miles que lo siguieron a través de la pantalla gigante instalada en la Costanera o en toda la ciudad de Valdivia.
Los que levantaron las manos
Otro factor relevante para la victoria del CDV fue la efectividad de su ofensiva perimetral. Ahí también ganó el partido, porque mientras los penquistas apenas anotaron tres triples en todo el partido (de 19 tiros, 5 desperdiciados por Pablo Coro, otros tantos por Tracy Robinson y 4 de Claudio Naranjo), las manos albirrojas estuvieron finas: Sebastián Suárez metió dos bombazos entre sus 18 puntos del partido y el flaco Christopher Altaner se destapó e inscribió su nombre con letras mayúsculas, metiendo 4 triplazos que levantaron a todos de sus asientos.
 
Hubo mas. Lo principal fueron la personalidad y el temple del equipo forastero que, más allá del nerviosismo o de errores cometidos, tuvo respuestas en los momentos clave. Y sus hombres aparecieron cuando más se les necesitaba. Junto a Suárez, Summers lideró la ofensiva valdiviana con 18 puntos. Tras ambos se ubicó Erik Carrasco, autor de 13 puntos (8 desde el terreno, 5 desde la línea), pero que repartió nada menos que 9 asistencias, mas 3 recuperaciones. Y aunque no gravitó a la hora de anotar (10 puntos), Arnold Louis hizo un trabajo enorme en las pinturas, bajando 18 rebotes, 16 de ellos defensivos. 
 
Del lado del Campanil, lejos el más trascendente fue Yamene Coleman, imparable bajo el aro con 30 puntos, todos desde el terreno, a los que sumó 18 rebotes y un par de tapones, marca registrada del estadounidense. 
 
Todo en un partido que pudo ser para cualquiera. Salvo en el segundo cuarto, cuando la ventaja llegó a ser de 9 puntos para el Campanil, el resto fue siempre parejo. Y aunque Valdivia sólo estuvo tres veces arriba en el marcador durante los 40' reglamentarios, golpeó en los momentos precisos. 
 
Tres finales para un guión de película
Así llegaron a la recta final del cuarto período. Como en todo el partido, hubo más roce y nervios que certeza frente a los aros. A 3'28"del final, Altaner metió un triple que emparejó el marcador a 53, y a 2'28" del cierre Summers anotó un doble que puso arriba al CDV 55-53. 
 
De vuelta, Robinson empató con 42" por jugar y una posesión por bando. Valdivia perdió la suya tras un error de Carrasco y de vuelta quedó la mesa servida para la UdeC, pero Robinson debió lanzar de lejos, de apuro y forzado por una muy buena defensa albirroja, fallando y obligando al alargue.
 
En el overtime, otra vez el triunfo coqueteó con ambas escuadras. Primero, dos tiros libres de Summers y otro de Suárez dejaron arriba al CDV 65-63, con 22 segundos por delante. Claudio Naranjo respondió con un triple que nadie esperaba, haciendo explotar a la parcialidad local. A continuación e igual que en el período anterior, Valdivia perdió la pelota cuando contaba con la posesión final: Suárez nunca tiró al aro, buscó una falta que los árbitros no concedieron y, además, caminó. Córdoba no lo podía creer. Tampoco Altaner, que se quedó esperando, instalado en su rincón para despachar un triple, pero nunca le dieron la pelota. 
 
Ahora era todo para el Campanil. Naranjo recibió el balón y Carrasco se vio obligado a cortarlo con foul. A la línea, donde "calulo" -fuertemente presionado por la bulliciosa hinchada valdiviana, justo tras ese aro - falló el primero y metió el segundo, dándole dos puntos de luz a los suyos. Pero le dejó la última pelota y 5 segundos al CDV, suficientes para lo imposible: Erik Carrasco demostró de qué está hecho, se jugó la personal y logró una agónica canasta desde media distancia, justo cuando el tiempo se exinguía. Tremendo. Sería necesario otro overtime. "Cachetazo" a las pretensiones universitarias y un gran impulso para los albirrojos.
Un clímax irrepetible
El segundo tiempo extra fue tan parejo como los 5 períodos anteriores. Y en la recta decisiva, cuando ya el CDV había perdido a Louis y Prützmann por faltas personales, vino la remontada final. Dos tiros libres de Summers pusieron al frente a Valdivia 75-74, Robinson empató por la misma vía, luego otro libre de Carrasco puso las cosas 76-75 para la visita, y de vuelta Pablo Coro empató también con un tiro simple. 
 
Ahí vino lo inesperado. Le quedaba un segundo libre a Coro, que falló, el rebote lo agarró Coleman sólo bajo el aro, libre para evitar otro overtime y liquidar el partido, pero se quedó corto de manera increíble para un hombre que no había fallado en toda la noche.
 
Summers tomó el rebote, corrió toda la cancha con sólo diez segundos por delante, se jugó la personal y su camino a la canasta fue cortado por un foul de Mauricio Cisternas. En la línea de los suspiros, con un gimnasio silente, el número 1 de Valdivia tuvo nervios de acero y puntería de francotirador para encestar ambos tiros y poner al CDV adelante.
 
No estaba cerrado, porque la UdeC tenía todavía 6 segundos para evitar la caída, pero los amarillos no lograron su objetivo, Coro penetró sin éxito, desesperado, la pelota dio en el aro, bien protegido por los albirrojos. Y estos agarraron el rebote, sellaron así la victoria y por fin pudieron dar rienda suelta a una celebración desatada, interminable, merecida, para esos que corrieron y lo dieron todo en la cancha.
 
También para los que dejaron todo en las tribunas, que gastaron tiempo, dinero y garganta; que se quedaron sin aire y sin uñas. Y que ahora, multiplicados por diez, repletarán el Coliseo el próximo domingo. Ahí se vivirá el sexto partido de la finalísima. El Campanil está obligado a ganarlo para forzar un séptimo juego de vuelta en la Casa del Deporte. Si lo gana el CDV, la copa se bañará por fin, tras 14 años, en las aguas de Valdivia y sus ríos. 
 
El título está ahí, a la mano. Tan cerca, pero a la vez tan lejos. La historia todavía no se acaba, aún falta el golpe final. Deportivo Valdivia, Manu y sus muchachos, tienen la última palabra.
 
 
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