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1 mar. 2016

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La fiesta fue completa

Valdivia campeón! Así de simple. Dos palabras, pero tras ellas hubo tanto trabajo, sacrificio, sufrimiento y dramatismo para concretar una alegría que los hinchas albirrojos esperaban hace exactos 14 años y 40 días. Desde aquella noche portomontina del verano de 2002, cuando se conquistó la primera y única estrella del CDV en la desaparecida Dimayor. Este domingo 28 de febrero de 2016, el equipo que fue dirigido de manera brillante por Manuel Córdoba repitió la hazaña y se inscribió para siempre en la rica historia del básquetbol valdiviano, tras derrotar por 83-79 a Universidad de Concepción. En un Coliseo repleto, los albirrojos sumaron la cuarta victoria al hilo sobre los penquistas, en una arremetida espectacular para dar vuelta y ganar la serie final. Así conquistaron la copa de la Liga Nacional, que por fin vuelve a bañarse en el río Calle Calle...
 
Pero no fue fácil, porque Universidad de Concepción llegó al Coliseo obligada a ganar, para llevar de vuelta la llave a la Casa del Deporte. No tenían más alternativa y por eso jugaron todas sus cartas. Hasta trajeron un nuevo extranjero, John Dre Groat, con cartel de jugador potente, explosivo y goleador, pero que nunca cuajó en el quinteto penquista, naufragó ante la defensa valdiviana (gentileza de Summers y Prützmann) y apenas logró tres puntos. Pese a eso, los del Campanil se las ingeniaron para ganar el primer cuarto por 23-20.
 
El Campanil, ahogado por la marea roja
Pero el CDV pronto puso las cosas en su lugar, adjudicándose los siguientes dos períodos (31-19 el segundo y el tercero por masacre: 20-6) para sacar una ventaja de hasta 20 puntos, exhibiendo un juego rápido y explosivo, con una defensa intensa, forzando los errores de un desorientado rival y cobrando al otro lado con rápidas transiciones. Los estadounidenses Darrell Summers y Arnold Louis soltaron amarras y a la postre lograron su mejor producción ofensiva conjunta en toda la serie, con 29 y 26 puntos respectivos, a los que Louis agregó nada menos que 19 rebotes y seis recuperaciones.
 
También con doble decena se matriculó el MVP de la finalísima, Erik Carrasco, que a sus 15 puntos de la noche sumó 10 asistencias. Superlativo. Como durante toda la temporada, "cachete" jugó a altísimo nivel e hizo jugar al equipo albirrojo. Para eso lo trajeron, para eso vino. Y cumplió: llevó al CDV a la corona y él repitió la victoria de la temporada anterior con Colo Colo para su sexto título personal de liga.
 
La otra figura de Deportivo Valdivia, Sebastián Suárez, tuvo una marcación permanente y si bien estuvo bajo sus números habituales, seis de sus 13 puntos vinieron en el cuarto final. Cuando el CDV más lo necesitaba. Justo cuando la UdeC había vuelto a la discusión con una racha de 16-0 en el cuarto final y amenazaba con remontar. Gracias a los aciertos de Claudio Naranjo (21 puntos, 3 triples), Yamene Coleman (18), Pablo Coro (15, con tres anotaciones perimetrales) y un Pato Briones lleno de vergüenza deportiva y categoría (12 puntos), la visita se acercó hasta a 4 puntos, amenazando con aguar la fiesta. Pero un triple del "chapa" frenó esa arremetida y, después, dos tiros libres suyos le dieron respiro a todos los valdivianos cuando los penquistas se habían puesto a sólo dos puntos de los albirrojos. 
 
Ahora es de los nuestros. Antes de cortar la malla de uno de los aros del Coliseo, el motor del CDV y MVP de las finales, Erik Carrasco, se instaló en lo más alto para escuchar la canción más esperada: ese "dale campeón" que durante 15 años estuvo atorado en las gargantas de los valdivianos y que, por fin, pudieron cantar los casi seis mil que llegaron a la Catedral del básquetbol chileno. Un marco impresionante. Como el equipo en la cancha, la hinchada albirroja no falló.
 
Y se desató la fiesta
Lo mismo hizo Carrasco, quien tras un doble de Coleman que nuevamente dejó las cosas a apenas una canasta de enmudecer de nuevo al Coliseo, demostró gran frialdad, cojones y puntería, para acertar los dos tiros libres (convirtió sus seis intentos desde la línea) que terminaron definitivamente con la discusión. Así se desató la fiesta en cada rincón de la catedral del básquetbol chileno, donde más de cinco mil tiñeron sus tribunas de rojo; en la Costanera donde varios miles más lo siguieron por pantalla gigante; en toda la ciudad de Valdivia y en cada rincón de Chile y el mundo donde hubo valdivianos sufriendo con el partido. 
 
Allá y acá, todos se abrazaron, se mezclaron en emocionados cánticos y gritos: "dale campeón... dale dale dale campeón", tal como hace 15 años en el Gimnasio Mario Marchant Binder. Esta vez fue en casa, como nunca antes lo había logrado un campeón de la Liga Nacional. En nuestra Catedral, donde los hinchas pasaron de las butacas al parquet, para mezclarse con los jugadores del CDV, sus nuevos héroes.
 
Y para ver como uno que fue campeón en 2001, el capitán y símbolo del equipo Claus Prützmann, coronó una carrera personal que puede terminar en lo más alto, recibió la anhelada copa, para levantarla y brindársela a toda la feligresía albirroja. Para tocarla, besarla y pasearla, primero en una multitudinaria vuelta olímpica y después por toda la Costanera y el centro de la ciudad de los ríos.
 
Para celebrarlo durante toda la noche, por mucho tiempo. Y para recordarlo por siempre. Porque Valdivia volvió a ser Valdivia. Y porque el CDV volvió a ser campeón. Un justo campeón.
 
El capitán y símbolo del CDV, Claus Prützmann, levanta el trofeo. Como hace 15 años, también con el "gringo" en el plantel, Valdivia vuelve a ser campeón.
(Foto: Agencia Uno -LNB)
 
Diego Sáez M. - CDVweb
 
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