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14 may. 2016

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Las sabrosas historias del dorado básquetbol femenino nacional

En el Ministerio del Deporte, seis glorias del baloncesto chileno recuerdan los mejores años de la disciplina, analizan su debacle y predicen un duro futuro.

"Es primera vez que estoy con una autoridad tan alta en el deporte como la ministra", dice Georgina Oyarzún. Es el salón principal del Ministerio del Deporte y el desayuno que le brindaron a ella y a otras ex basquetbolistas nacionales ha terminado. Pero la jornada recién comienza, especialmente cuando hay que recordar una época dorada en el deporte nacional.
Durante más de una década, Chile fue potencia continental en básquetbol femenino, con resultados que serán difícil superar. Subcampeones mundiales en 1953, platas panamericanas en 1955 y 1959 y oro sudamericano en 1946, 1950, 1956 y 1960. Logros que hablan de una era lejana.
"El básquetbol femenino tuvo un gran desarrollo cuando tuvo dirigentes femeninas, como Sara López, que formó en los años 20 un club y luego la federación de básquetbol femenino", recuerda Oyarzún, ex dirigente de la época. "Pero por un machismo, en 1954 nos relegaron", agrega.
Ahí fue el inicio de la debacle. Pero hubo más. "Se vendió el principal recinto del básquetbol, el Nataniel, y se acabó. Hay básquetbol profesional, cierto, pero no veo desarrollo. Había convenios con el ministerio de educación para que lo enseñaran, por ejemplo", añade Oyarzún, convertida en la vocera de la delegación.
También aporta Cecilia González, oro en el Sudamericano de 1960: "El básquetbol se murió en Chile porque ya no se enseña en los colegios. Antes se hacía deporte en educación física, ahora no". "No hay entrenadores especializados, la gente que hace esto ahora no es la idonea", agrega Blanca Carreño, subcampeona panamericana en 1955 y 1959.
"La profesionalización del deporte tampoco es bueno. A los deportistas les pagan y sin plata, ¿de dónde les pagan a los deportistas? Por ejemplo, el fútbol. Es todo empresariado, muy diferente a como era antes. Hablan ahora de puros dólares", dice Oyarzún.
Con nostalgia, las ex jugadoras recuerdan los años en que el básquetbol peleaba portadas y coberturas en los medios con el fútbol y otros deportes. "Estadio nos daba páginas enteras. El fútbol era muy poquito. Había buenas jugadoras en los clubes. Era muy difícil quedar en la selección, porque venían de todo Chile", apunta Carreño.
"No éramos estrellas, nunca nos sentimos estrellas. Terminábamos los partidos y cada una a su casa. A lavar los platos", explica González, sacando carcajadas de las presentes. "Teníamos tiempo", añade Oyarzún. "Todo dependía de la pareja que uno tenía", complementa Blanca Romero, oro en el Sudamericano de 1956, quien agrega: "Los hombres eran condescendientes y aceptaban que fuéramos a hacer deporte".
También tuvieron premios por sus logros, aunque con 'trampas'. "Cuando volvimos de Quito en 1956, nos dijeron que nos iban a regalar casas y nos llevaron a varios lados. Después nos declararon profesionales y tuvimos que pagarlas", cuenta Laura Piña, mundialista y campeona sudamericana. "Pero eran buenas casas", añade.
Los logros llevaron a reconocimientos altos. "En 1956 nos recibió el presidente Carlos Ibáñez. Cuando llegamos de Cerrillos, nos subieron a una camioneta y los caminos estaban llenos de banderas y gente", recuerda Romero. "¿Una camioneta? Yo me acuerdo de un auto", interrumpe Carreño. "Había un auto para cada una, pero nos pasaron a una camioneta para que estuviéramos todas juntas", corrige Romero. En La Moneda las recibió Ibáñez: "Nos saludó, nos felicitó y salimos al balcón".
Era el reflejo del nivel del básquetbol y de su liga. "Eramos todas compañeras de selección, nos conocíamos, pero cuando jugábamos por los clubes nos dábamos con todo", cuenta Romero, sacando risas. "Había una buena competencia, se jugaba en las universidades y liceos", explica Oyarzún. ¿Carretes? La respuesta es unánime: "Nooooo". "En cosas oficiales sí estábamos, pero nos juntábamos entre nosotras o con los entrenadores y los técnicos", aporta Oyarzún. "Ahora carreteamos harto", bromea Romero entre carcajadas.
Tiempos buenos para el básquetbol, que ahora miran con tristeza. "Nos da pena saber cuando Chile sale sexto o peor en los Sudamericanos", dice Hilda Ramos, campeona sudamericana en 1956. "Si a Brasil le ganábamos a cada rato y por 20 puntos o más", apunta Carreño. "¿Hay básquetbol femenino?", consulta Oyarzún. "¡Hay seis jugadoras!", dice Ramos y las expresiones son de sorpresa y risa.
Pero a esta generación le faltó algo: "Chile siempre estuvo en lo más alto en Sudamericanos y Panamericanos, pero nos hubiera gustado estar en los Juegos Olímpicos", confiesa Piña. La rama femenina debuto en 1976, cuando la actividad venía en baja. "Los hombres fueron y muy bien les fue", complementa.
Sin embargo, la deuda es mayor. "Nos sentimos ignoradas", dicen todas. Creen que podrían aportar para mejorar en el desarrollo de la actividad. "A lo mejor no nos conocen", dice Oyarzún. González es más drástica: "En general, aquí al viejo no lo toman en cuenta. En ninguna cosa. No sólo en el deporte. Creen que no servimos, ¿y la experiencia? ¿No sirve? Ese es el gran mal de Chile de toda la vida, no tomar en cuenta a las personas con experiencia". Son voces autorizadas que quieren ver de nuevo a una Roja cestera celebrar en lo más alto, tal como lo hicieron ellas.
 
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